El aire apestaba a sangre y tierra húmeda, mientras el Beta Juls y el Gamma Roderick se abrían paso a la fuerza entre la multitud de lobos sin manada. Sus formas lobunas se movían como sombras rápidas, pura musculatura y furia contenida.
Garras que rasgaban, colmillos que chasqueaban, y la noche entera llena de gruñidos y gritos de quienes caían muertos. Y aun así, los enemigos seguían llegando, uno tras otro, sin fin, salvajes y obedientes, como si una mano invisible los hubiera convocado allí