Las puertas se cerraron tras ellos con un estruendo fuerte y profundo, dejando fuera los aullidos de los lobos sin manada. Los guerreros que hacían guardia salieron corriendo a recibirlos, pero se quedaron parados y en silencio en cuanto vieron el estado en el que estaban su Beta y su Gamma.
Juls caminaba tambaleándose, las rodillas a punto de doblarse, mientras la sangre salía sin parar de la herida grande que tenía en el costado. Intentaba mantenerse de pie, pero todo a su alrededor empezaba