Después de maniobrar con todo lo que pudieron por unos cuantos minutos, por fin habían logrado estabilizar a Alejandra de nuevo. Ella seguía inconsciente, no se daba cuenta de nada, y ni siquiera habia podido ver a sus lobeznos nacer.
— ¡Pronto, saquemos al último cachorro, ruego a la diosa luna que nos lo deje con vida, ya pasó mucho tiempo y no se escuchan casi sus latidos!
El doctor hizo las maniobras para sacar a la criatura. Pero el lobezno de cabellos negros como el padre, el mismo