El rey tomó un vaso con agua y cortó un trozo de carne para llevarle de comer a su luna. Ella seguramente estaba hambrienta.
Alejandra apenas abría los hermosos ojos morados que tenía. Ella vió llegar a su Alfa con comida en mano y salivó.
— Muero de hambre, y de sed...
— Aquí tienes, come un poco, así aprovechamos para hablar de tu regreso al castillo de Romano, junto a Angya, y Aria.
La luna dejó escapar el aire antes de hablar.
— ¿Ya me usaste y ahora te quieres deshacer de mí