Los refuerzos han llegado, la pelea comenzó.
El italiano ya tenía más gente armada cuidando la villa, no podía dejar de observar como sus poderosos socios con esa aura asesina e imponente, trataban de confortar a los niños a los que llamaban cachorros. El mafioso suponía que así les decían de cariño.
El Alfa llevó a sus hijos a la cama, los consoló y pidió que fueran buenos y se durmieran, que el traería a su madre de vuelta.
Los hermanos Salvatore y el Alfa Romano, cambiaron sus finos trajes por ropa más cómoda, notas de piel pan