Los cachorros preguntan por su madre.
Alejandra no podia evitar sentirse atraída a su Alfa, mucho más al tenerlo cerca, era el poder del vínculo que los unía, ella odiaba desear ser abrazada por ese apuesto e imponente lobo que tenía frente suyo, volteó la mirada para otra parte y fingió dormir.
Leonardo se quedó sentado en una silla muy cerca de ella, le tomó la mano y acariciaba suavemente sus dedos. Su solo contacto despertaba en ellos ese amor que estaban destinados a sentir el uno por el otro.
No era ese débil llamado q