Llamando a su luna...
Los guerreros bajaron de los enormes caballos que lucían con él pelaje brillante y muy bien cuidados.
La indefensa loba comenzó a temblar, habían recorrido tantos kilómetros para ponerse a salvo, y ahora estaban a punto de ser asesinadas. Ella bajó y corrió a interponerse para que no vieran lo que llevaba la carreta.
— Se lo suplico, no somos enemigos, Pero dejennos ir, solo queremos pasar. — La enfermera tenía los brazos alzados pidiendo que no abrieran la lona de la parte trasera.
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