La luz regresó a la bodega con un parpadeo violento, pero no trajo alivio. El zumbido eléctrico ahora sonaba como una cuenta regresiva. Dante y Elara se miraron en el espejo del baño, dos espectros manchados de sangre y secretos que ya no encajaban en las vidas de riqueza y opulencia de la mafia.
— No podemos salir de aquí siendo nosotros — dijo Dante, tomando unas tijeras industriales del botiquín — Si nos ven como Dante Montaño y Elara De Luca, estamos muertos antes de llegar al primer peaje.