Dante aplastó la micro cámara bajo la bota con una violencia sorda. El crujido del plástico y los circuitos resonó en la bodega cuando lo aplastó, pero ambos sabían que el daño ya era irreparable. La señal se había perdido, pero la información ya estaba en manos de su enemigo.
— Ya nos vio — susurró Elara, abrazándose a sí misma, sintiendo que el aire de la habitación se volvía gélido. Habían sido vulnerados y vigilados en su intimidad. Ese tipo de intromisión era una violación a su privacidad.