El pasillo este era una garganta de fuego y plomo. Los disparos retumbaban con una violencia tal que el aire parecía vibrar contra los pulmones de Lorenzo. El humo de la pólvora se mezclaba con el polvo de mármol, creando una neblina densa que picaba en los ojos y secaba la garganta.
Sofía estaba a su espalda, agachada tras el pesado marco de una columna jónica. Su respiración era errática, un sonido entrecortado que Lorenzo sentía más que escuchaba a través del caos. Ella no tenía un arma, per