El zumbido del dron se transformó en un silbido agudo, y Elara no lo pensó, su cuerpo reaccionó antes que su lógica de venganza, lanzándose contra Dante con toda su fuerza.
— ¡Al suelo! — gritó, derribándolo justo cuando una ráfaga de ametralladora astillaba la barandilla de teca donde él estaba apoyado un segundo antes.
El impacto contra la cubierta fue seco, Elara sintió un quemón abrasador en el antebrazo izquierdo, un tajo caliente que empapó la seda esmeralda de su vestido en un rojo profu