La nieve de los Alpes y el asedio de Alejandro quedaron atrás como un mal sueño, reemplazados por el rugido de los motores del Invictus surcando las aguas del Tirreno. Habían escapado de la trampa mortal en la montaña, pero el silencio bajo el sol del Mediterráneo era más peligroso que el estallido de las granadas.
Elara fingió y corrió a los brazos de Alejandro, y Dante aprovechando su descuido lo capturó, y usó como escudo frente a sus hombres para escapar, su huida había sido de película.
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