Mundo de ficçãoIniciar sessãoEl aire frío del muelle golpeó la sangre seca en el rostro de Elara. Alejandro Marchesi no se movió, su figura impecable era un insulto frente a la miseria de los cuerpos que intentaban escapar. Elara sintió el peso muerto de Dante sobre su hombro, el calor de su piel atravesando el hábito de monja.
— Da un paso más, Elara, y las balas harán el trabajo que el coma no pudo terminar — la voz de Alejandro era un látigo de







