Mundo ficciónIniciar sesiónEl sonido de la almohada contra el rostro de Dante era un siseo de muerte. Elara no lo pensó. Sus dedos se cerraron sobre el mango frío de un escalpelo de acero que descansaba en la bandeja de curas.
Se lanzó sobre la espalda de Salvatore, enterrando sus rodillas en los riñones del asesino. El peso de su cuerpo — y el de sus hijos — fue un ancla de furia pura. Salvatore soltó la almohada, en medio de un gruñido ahogado.
Elara







