Salí del edificio con la cabeza más fría de lo que esperaba. No corrí al auto. Caminé con paso firme, respirando el aire de la tarde. Por primera vez en días sentía que tenía el control, aunque fuera mínimo.
Llegué a casa, me quité los tacones y me serví un vaso de agua fría. No más vino esa noche. No más dejar que las emociones me dominaran. Abrí mi laptop y pasé las siguientes dos horas puliendo las preguntas para la declaración de Emilian. Las envié a las 20:15 con un mensaje breve y profesi