El resto de la cena transcurrió en una niebla espesa. Apenas probé el postre. Cuando Emilian se marchó, el aire en la casa pareció aligerarse, pero dentro de mí todo se volvió más pesado. Lorenz insistió en llevarme a su departamento y yo acepté. Necesitaba hablar con él. No la verdad completa… todavía no. Solo tantear el terreno.
Llegamos, nos servimos una copa de vino y nos sentamos en el sofá. Me acurruqué contra su pecho, buscando el calor que siempre me había dado seguridad. Después de uno