Salí de la obra con la cabeza hecha un nudo y el estómago revuelto. No soportaba quedarme ni un minuto más en ese lugar. El polvo, el ruido y, sobre todo, la presencia de Emilian me asfixiaban. Conduje de regreso al bufete sintiendo que cada kilómetro me alejaba un poco de la tormenta, aunque sabía que era solo una ilusión.
Llegué poco después de las once y volví a ser la abogada Elara Voss, con traje impecable, tacones altos y expresión profesional. Me enterré en el trabajo como quien se escon