La atmósfera dentro de la lujosa suite del hotel estaba cargada de tensión. La discusión entre Aaron y Katerina había comenzado con palabras frías, pero poco a poco fue escalando hasta convertirse en una tormenta de emociones que ninguno de los dos parecía poder controlar.
—¡Deja de actuar como si fueras mi salvador! —gritó Katerina, su rostro enrojecido por la rabia—. No hiciste esto por mí, lo hiciste por ti mismo. ¡Solo querías asegurarte de que tu negocio siguiera en pie!
Aaron, que hasta e