El silencio envolvía la habitación como una manta pesada.
Katerina estaba acostada de lado, con los ojos cerrados con fuerza, tratando de regular su respiración para fingir que dormía. Pero su cuerpo estaba tenso, demasiado consciente del sonido de la puerta abriéndose.
Él había llegado.
Podía escuchar sus pasos firmes cruzando la habitación, moviéndose con la seguridad que solo Aaron Morgan poseía.
No se atrevió a moverse.
No se atrevió a abrir los ojos.
Sabía que si lo hacía, si lo miraba, su