El sol apenas despuntaba en el horizonte cuando el teléfono de Aaron vibró sobre la mesita de noche. Katerina, aún sumida en el letargo del sueño, sintió cómo su esposo se movía con cautela para responder la llamada sin despertarla. Sin embargo, el tono serio de su voz la sacó de su sopor.
—¿Qué ha ocurrido? —preguntó Aaron en italiano, su ceño frunciéndose con cada palabra que escuchaba.
Katerina entreabrió los ojos y lo observó. Aunque su tono se mantenía firme, su expresión indicaba preocupa