Katerina sintió que la habitación se volvía más pequeña, que el aire se espesaba con cada palabra de Eleanor. Algo dentro de ella se resistía, una voz tenue que le decía que nada de eso era cierto… pero, ¿y si sí lo era?
—Katerina —dijo Eleanor con suavidad, inclinándose ligeramente hacia ella—. Sé que es difícil escuchar esto. A veces, abrir los ojos a la realidad puede ser aterrador.
Katerina bajó la mirada, sus dedos se entrelazaron nerviosos sobre su regazo.
—No entiendo por qué… por qué no