El día en la empresa transcurría con su ritmo habitual. Katerina se encontraba en su oficina, revisando documentos con meticulosidad. Su capacidad analítica era impecable, y poco a poco, se había ganado el respeto de los demás ejecutivos. Sin embargo, al llegar a un contrato de gran importancia, notó que faltaba la firma de Aaron.
Suspiró y se puso de pie, tomando la carpeta con firmeza. No le gustaba interrumpir a su esposo, pero aquel documento era urgente. Con decisión, salió de su oficina y