Capítulo 64. Fantasmas.
El vaso de café resbaló de los dedos de Marian.
El plástico chocó contra el suelo. El líquido oscuro salpicó sus zapatos de diseñador.
No podía respirar. El aire se atascó en sus pulmones.
Conocía esa voz.
Habían pasado años, pero esa voz ronca y arrastrada seguía grabada a fuego en sus peores pesadillas.
—¿Ernesto? —susurró Marian.
Sus manos temblaban tanto que casi deja caer el teléfono.
El hombre soltó una carcajada al otro lado de la línea.
—El mismo. Pensé que te habías olvidado de