Capítulo 6. Demuéstramelo.
El silencio que se hizo después de las palabras de Camelia fue tan pesado que parecía capaz de aplastarlos a los dos.
Fernando se quedó congelado frente a la isla de la cocina, con las manos apoyadas sobre la superficie de mármol y los nudillos completamente blancos. Sus ojos, oscuros y turbulentos, la miraban como si acabara de recibir un golpe directo al estómago.
—¿Qué has dicho? —preguntó con voz baja, ronca, casi rota.
Camelia lo sostuvo con la mirada. Ya no lloraba. El dolor seguía ahí,