Capítulo 58. Había perdido.
La habitación quedó en silencio después de la conversación sobre Valeria.
Un silencio extraño. Pesado. Pero diferente al de los últimos días.
Porque esta vez Fernando estaba allí para escucharlo. Respirando. Vivo.
Fernando observó la mano de Camelia aferrada a la suya.
No la había soltado ni un segundo desde que despertó.
Ni siquiera parecía darse cuenta de que seguía sujetándolo.
—¿Hace cuánto no duermes bien? —preguntó él de pronto.
Camelia levantó la vista.
—Estoy bien.
—Eso no responde a mi