Capítulo 33. No me dejes sola.
—Creo que estoy perdiéndolo.
Las palabras de Camelia quedaron suspendidas entre ellos.
Fernando sintió que el mundo se detenía.
Durante un segundo fue incapaz de respirar.
La observó. Las lágrimas. El temblor de sus manos. El papel manchado de sangre.
Y algo se rompió dentro de él.
—No —susurró.
Camelia soltó un sollozo.
—Fernando...
—No.
La palabra salió más firme esta vez.
Como si negarla pudiera cambiar la realidad.
Como si su voluntad fuera suficiente para detener una tragedia.
—No digas es