Capítulo 31. El verdadero terror.
El rugido de los motores llenó la cabina. El enorme avión comenzó a moverse lentamente por la pista. Las luces de la ciudad se alejaban detrás de las pequeñas ventanas ovaladas.
Camelia se colocó los auriculares con movimientos rápidos. Ni siquiera encendió música. Solo quería bloquearlo. Bloquear su voz. Su presencia. El dolor.
Giró la cabeza hacia la ventanilla y cerró los ojos. Fernando permaneció inmóvil en su asiento.
No dijo nada.
No volvió a mirarla.
No intentó acercarse.
No quería comet