Capítulo 30. Esposa, déjame recuperarte.
Luciano intervino, y con un tono amable se dirigió a la mujer.
—Disculpe señorita, él está desesperado. Estar a punto de perder a la persona que amas por ser tan tarado como él no es fácil. Si ellos se arreglan, le prometo que la invitamos al bautizo de mi ahijado —pronunció guiñándole el ojo.
La empleada asintió, se relajó un poco y tecleó rápido. Sus dedos volaban sobre el teclado. Miró el monitor durante unos segundos.
—El asiento contiguo está libre —dijo ella, levantando la vista—. Pr