Capítulo 23. El golpe y la sospecha.
Apretó más.
El rostro de Valeria empezó a cambiar de color. El rojo intenso dio paso a un tono violento, casi morado. Sus ojos salieron de sus órbitas. Sus uñas rasguñaron los brazos de Fernando, sacando tiras de piel, pero él no sintió dolor. El alcohol y los celos lo tenían completamente anestesiado.
—¡Maldita! —rugió él, cegado.
De repente, un ruido estruendoso rompió la escena.
Pasos rápidos y pesados subieron las escaleras. Alguien corrió por el pasillo.
La puerta de la habitación principa