Capítulo 21. La oportunidad perfecta.
El celular sonó cuatro veces.
Fernando apretó el volante con la mano derecha. Conducía a ciento cuarenta kilómetros por hora por la autopista. La otra mano sostenía el teléfono contra su oreja. Respiraba por la boca. El aire no le llegaba a los pulmones.
La línea se conectó con un clic.
—Luciano, me destrozó —rugió Fernando. La voz se le quebró. La rabia le quemaba la garganta—. Es una puta.
Silencio al otro lado de la línea. Solo el sonido de una respiración suave.
—¡Me engañó en mi propia car