Capítulo 125. El arrepentimiento del rey.
El chirrido del hierro contra las baldosas cortó el silencio de la Unidad de Cuidados Intensivos.
Arturo arrastró una silla pesada por el piso de la habitación clínica en Italia. La colocó justo al lado de la cama alta. No miró atrás. Con la mano izquierda, empujó la puerta de vidrio hasta cerrarla y corrió el cerrojo de seguridad por dentro.
Dos enfermeras se detuvieron en el pasillo exterior, alarmadas por el encierro.
—¡Nadie entra aquí! —ordenó Arturo a través del cristal. Su voz sonó dura.