Capítulo 126. Vete.
Tomó la mano fría de su esposa una vez más y la apretó con firmeza contra su propio pecho, haciéndole sentir los latidos desbocados de su corazón.
—Tienes que despertarte —le exigió al oído—. Ábreme los ojos y reclámame todo en mi cara. Grítame. Insúltame frente a todo el mundo si quieres. Golpéame hasta que te cansé. Te juro que no me voy a defender. Te juro que voy a agachar la cabeza y voy a aceptar cada una de tus palabras sin responderte nada. Pero tienes que vivir.
Arturo tragó saliva. Su