Capítulo 127. El orgullo pisoteado.
—No.
La palabra salió de la boca de Arturo como un gruñido seco y cortante.
El jefe de Zaldiviar Corp no retrocedió ni un solo milímetro. Se quedó plantado al lado de la cama clínica, con las manos apoyadas en el borde del colchón y los ojos oscuros clavados en el rostro pálido de su esposa.
—No me voy a ir, Marian —sentenció el empresario—. Pídeme lo que quieras. Grítame. Insúltame todo lo que se te dé la gana. Pero no voy a cruzar esa puerta.
Marian no apartó la mirada. A pesar del dolor físi