Gracia abrió los ojos lentamente. Su cuerpo dolía y, por unos segundos, no supo dónde estaba. Pero pronto los recuerdos la golpearon de lleno, y sobresaltada, se incorporó en la camilla.
—¡Maximilien! —exclamó, mirando a su alrededor. Al no verlo, intentó arrancarse las cánulas que tenía conectadas.
Antonia, que la cuidaba, se levantó de inmediato y corrió hacia ella.
—Mi señora, por favor, cálmese. ¡Tranquila! ¡Un médico, ayuda! —gritó desesperada.
—Antonia, ¿dónde está mi esposo? —preguntó Gr