La camioneta frenó con fuerza. El chirrido de los neumáticos sobre la grava cortó el aire tenso que rodeaba la bodega. Christian dio un par de pasos hacia el frente. Sus hombres levantaron las armas, atentos, pero no dispararon.
Maximilien descendió con calma. Sostenía el portafolio con el dinero.
Christian lo saludó con una mueca sarcástica.
—Llegas justo a tiempo, hermano.
—No soy tu hermano. ¿Dónde está Gracia? —respondió seco, mirando alrededor. Entonces sus ojos se cruzaron con los de ella