Fernando conducía a toda velocidad hacia su antigua ciudad. Mariana llevaba varias horas en trabajo de parto y, para colmo, su teléfono se había descargado, así que nunca llegó a leer el mensaje de Gracia.
Al llegar al hospital, encontró a su madre en la sala de espera, acompañando a Mariana. Al verlo, ella negó con la cabeza, demasiado molesta.
—¡Increíble, Fernando! —exclamó Dinora, mirándolo de arriba abajo con desprecio.
—Madre, ya sabes que estaba en un viaje de negocios. ¿Cómo está Marian