Gracia percibió con claridad lo que ocurría entre Mariana y Nicholas. No necesitaba más pruebas: entre ellos no había amor, solo manipulación y rencor.
Nicholas la empujó con violencia sobre un viejo sofá, mientras comenzaba a desabrocharse el pantalón con manos ansiosas.
—Gracia, querida… eres tan condenadamente deseable. Ahora entiendo por qué traes locos a dos hombres. —La miró con lujuria y burla, pero ella no se inmutó.
—¿Eres consciente de lo que puede pasarte si me tocas? —Gracia le preg