Su voz temblorosa buscaba conmoverlo, pero en sus ojos no había miedo, solo una necesidad desesperada de que él la defendiera, de seguir ocultando su culpa haciéndose pasar por una victima de Gracia.
—¡Eres patética! —escupió Gracia, luchando contra el agarre de Fernando—. ¡No puedes mentirle para siempre! ¡Tarde o temprano va a ver quién eres en realidad!
Fernando miraba a ambas, confundido y abrumado, sin saber a quién creer. Pero en el fondo, algo en su interior comenzaba a tambalear.
Marian