Grecia se vistió con elegancia aquella mañana, ignorando por completo la promesa que le había hecho Maximilien antes de su partida. Solo recordarla la hacía sonrojar, y un extraño vacío se instalaba en su estómago.
Sacudió la cabeza con firmeza y peinó su cabello con esmero. Tenía decidido visitar algunas galerías de arte para buscar colaboraciones que le permitieran cubrir los gastos de su abuela sin depender completamente, ni de su madrastra ni de Maximilien.
Aunque muchos galeristas reconocí