Solo quiero que Bella sea honesta.
La vieja motocicleta corría más rápido que de costumbre. Christian aceleraba a fondo; el motor, de sonido áspero, rugía con fuerza en las calles desiertas que comenzaban a oscurecerse a medida que el sol se ocultaba por completo. El viento gélido de la tarde golpeaba su rostro, aún empapado de sudor, secándolo poco a poco, pero era incapaz de despejar su mente, que seguía siendo un caos.
Aún sentía el escozor en los labios.
Christian se lamió el labio inferior, percibiendo el ligero sabor metá