No permitido irse.
—A partir de hoy dejo de trabajar, señor —dijo Bella, intentando sonar firme a pesar de que su cuerpo temblaba violentamente.
Logró pronunciarlo. Eran las palabras que había preparado desde temprano, las que había ensayado frente al espejo del baño antes de salir; las palabras que la liberarían de este hombre.
Dominic guardó silencio un momento. Sus ojos oscuros escudriñaron a Arabella con una mirada difícil de descifrar. No era ira, ni sorpresa; era dolor. Un dolor oculto tras una fachada de