Bella oponiéndose.
—Sube —ordenó Dominic, con una voz baja pero cargada de peligro.
—¡Suélteme, señor! —gritó Arabella, forcejeando para liberarse. Con su mano libre intentó apartar la mano de Dominic, que le apresaba la muñeca con fuerza. Pero fue inútil; Dominic era demasiado fuerte.
—¡Señor, suélteme! ¡Ya le dije que quiero irme a casa! ¡Renuncio a mi trabajo! ¡No quiero tener nada más que ver con usted! —chilló Arabella, con la voz entrecortada por una explosión de emociones.
Pero Dominic no le hizo caso.