El juramento de Arabella.
El corazón de Bella dio un vuelco violento. Sintió una opresión asfixiante en el pecho dan su mano, aferrada al teléfono, comenzó a temblar incontrolablemente.
—Sí —respondió Bella, con un hilo de voz casi inaudible—. Soy su esposa.
No sabía por qué, tapi en su interior presentía que algo andaba mal. Un oscuro augurio la había estado atormentando; un presentimiento de que Christian corría peligro, de que algo terrible había sucedido.
Malas noticias. Eso era lo que traía aquella voz al otro l