Malas noticias.
La noche se hacía cada vez más profunda. La vieja casa en las afueras de Ashford Falls se sumía en un silencio sepulcral.
La lámpara de la sala seguía encendida, proyectando una luz tenue y mortecina sobre la estancia estrecha y desgastada. El reloj de pared en la esquina no dejaba de marcar el tiempo con su rítmico tic-tac, tic-tac, un recordatorio constante de que las horas seguían su curso, aunque Bella sintiera que su vida se había detenido por completo.
Bella permanecía sentada en el sof