Ducharse juntos.
El cuarto de baño de la vieja casa era estrecho y húmedo. Los azulejos de las paredes estaban descoloridos, con algunas piezas agrietadas en las esquinas. La lámpara del techo emitía una luz tenue, una bombilla de apenas cinco vatios que apenas alcanzaba a iluminar todo el recinto. En un rincón se encontraba el lavabo con un espejo roto encima. El inodoro tenía un asiento de plástico también rajado. Y, al otro lado, una ducha sencilla con un cabezal oxidado y una manguera de plástico negro que