Miedo a ser descubierto.
Arabella no pudo responder.
Sus labios partidos se abrieron, pero no brotó sonido alguno. Sintió la lengua rígida y un nudo en la garganta que la asfixiaba. Sus ojos castaños miraron a Christian con una expresión que ya no podía ocultar: una mezcla de terror, culpa dan una desesperación absoluta.
«Christian, por favor, no lo hagas. No estoy lista. Nunca lo estaré. Porque si me tocas, lo sabrás. Sabrás que no soy virgen. Sabrás que otro hombre me ha poseído. Sabrás que he sido infiel. Sabrás qu