Dominic permanecía de pie en el umbral de la sala, con la mirada fija en la mujer yang pasaba la aspiradora sobre la alfombra persa de color crema.
Arabella. Su sirvienta. Su juguete. Su secreto, el instrumento para saciar sus instintos.
Dominic se había cambiado de ropa tras lo ocurrido esa mañana. Llevaba una camisa negra lisa, pantalones grises y el cabello perfectamente peinado hacia atrás. Tenía el aspecto de un ejecutivo joven dan exitoso; no el del monstruo que, apenas dua jam atrás, h