Arabella apenas acababa de conciliar el sueño ketika el estallido de un cristal rompiéndose la hizo sobresaltarse.
El sonido provenía de la sala. Arabella saltó del sofá, con el corazón martilleándole en el pecho. Sus ojos se dirigieron de inmediato hacia la puerta de la sala, que estaba entreabierta. La tenue luz de las farolas se filtraba por la ventana, iluminando la silueta de alguien que se tambaleaba allí.
—¡Maldita sea! —maldijo Christian.
Era la voz de Christian. Fuerte. Irritada. Aco