La casa se sentía cada vez más silenciosa tras la partida de Christian. Incluso el tictac del viejo reloj de pared resonaba como golpes en su cabeza, tic, tac, tic, tac, recordándole que el tiempo seguía su curso aunque su vida pareciera haberse detenido.
Arabella caminó hacia el baño. Sus pasos eran lentos; sentía dolor en cada articulación. Pero no tenía prisa. Nadie la esperaba. Nadie la necesitaba en ese momento. Quizás, durante las próximas horas, podría ser simplemente un ser humano, no