Siete meses. El embarazo de Ana había alcanzado ya los siete meses. Su vientre lucía ahora prominente, haciéndose evidente bajo el holgado vestido de color azul claro que llevaba puesto. Cada uno de sus movimientos se había tornado más pesado; cada paso era más cauteloso y cada respiración, más profunda. Su rostro, antes estilizado, comenzaba a redondearse, sus mejillas lucían más prominentes y sus ojos azules destellaban con una felicidad que parecía inalterable.
Ana pasaba la mayor parte del